La isla de Giglio
Prehistoria y protohistoria
Inicio " La isla de Giglio " Prehistoria y protohistoria
Aunque era posible llegar a la actual isla del Giglio desde tierra firme porque el nivel del mar era mucho más bajo, no tenemos pruebas paleolíticas.
Las pruebas más antiguas se remontan al Neolítico Temprano (ca. 6000-5500 a.C. - Brandaglia 2005).
Otras evidencias protohistóricas pueden encontrarse, aunque no siempre con una localización clara, en otras zonas de la isla: en Giglio Castello (Atlas 1992, hoja 142, yacimiento 7), Punta Arenella (Atlas 1992, hoja 142, sitio 5.1) y Grotta dell'Ortana (Atlas 1992, hoja 142, sitio 10). Estos datos deben considerarse en el contexto más amplio de la neolitización de la costa tirrena (Balducci 2007) hacia mediados del V milenio a.C., y constituyen la prueba de una intensa relación entre Cerdeña, Córcega, las islas delarchipiélago y la costa toscana.
Los hallazgos de la Edad del Bronce (ca. 2300-950 a.C.) y la Edad del Hierro (ca. 950-720 a.C.) son más seguros.
Estos registros nos indican que ya en la Edad del Bronce, los puntos clave de la isla, a saber, los dos principales desembarcaderos y algunas alturas estratégicas, estaban ocupados por asentamientos estables, mientras que para el periodo anterior, los registros son más escuetos y, por tanto, no podemos asegurar que los grupos humanos asentados en la isla tuvieran ya una forma estructurada.
En concreto, tenemos noticias de una mina de pirita en Campese (Atlas 1992, hoja 142, sitio 6), en Castellare (Atlas 1992, hoja 142, sitio 8.1), en Porto (Atlas 1992, hoja 142, sitio 9.1), Castellare del Porto (Atlas 1992, hoja 142, sitio 12.1), Pitocci (Atlante 1992, hoja 142, sitio 13), Le Porte (Atlante 1992, hoja 142, sitio 14), Poggio della Pagana y Castelluccio que son los dos principales yacimientos de las alturas (Atlante 1992, hoja 142, sitios 16, 17, 20, 22), Torricella (Atlante 1992, hoja 142, sitio 23), Mortoleto (Atlante 1992, hoja 142, sitio 24).
Así, podemos decir que la intensificación de las atestaciones es en sí misma un claro indicador de la mayor frecuentación de la isla con yacimientos estables y, por tanto, de una mayor estructuración de la red y explotación de los recursos.
La conexión entre costa e islas se intensifica así aún más.