La isla de Giglio
Época etrusca y romana
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La función portuaria se mantiene en época etrusca, aunque hay pocos indicios superficiales anteriores al periodo helenístico en Secca dei Pignocchi, Secche del Campese, Punta della Calbugina (Corsi 1990, p 127).
Más coherente, sin embargo, parece la presencia humana entre los siglos IV y III a.C., por tanto en una época en la que Roma presionaba desde el sur (recordemos que la conquista de Vulci fue en 280 mientras que Roselle ya había caído en 294).
Por ello, los hallazgos de material arqueológico del siglo III a.C. podrían situarse en una fase de redefinición y adquisición del control de la ruta tirrénica por parte de Roma.
Los yacimientos de Castellare, Faraglione y Torre del Campese, Punta del Fenaio, Fontuccia, Sella di Scopeto, Pitocci, La Vena y Valle di Vantini parecen inscribirse en este contexto (Corsi 1990, p. 126).
Así lo confirma el pecio de Montecristo, que contiene numerosas cerámicas de un tipo asociado precisamente a la penetración económica y política de Roma en el mar Tirreno (Celuzza, Rendini ed. 1991, p. 53).
Sin embargo, el pecio de Campese está datado entre los siglos VII y VI a.C. y demuestra la importancia de la isla en las rutas griega y etrusca a lo largo del mar Tirreno (Corsi 1990, p. 127). Importancia también confirmada por elasentamiento etrusco arcaico de Campese (Rendini en Aranguren et alii 2004).
Las funciones portuarias parecen predominar en época romana hasta muy avanzada la historia (Celuzza, Rendini ed. 1991).
La información procedente tanto de los pecios como de las excavaciones muestra sin duda una prolongada e intensa actividad en el Puerto hasta todo el siglo VII d.C. en un marco de control de la ruta tirrena por parte delimperio, mientras que la zona de Campese parece haber sido abandonada con anterioridad.
En ambos casos, toda la isla o partes significativas de ella habían pasado de la familia Domitii Ahenobarbi a la res privata imperial, es decir, a aquellas propiedades que el emperador gestionaba a través de una administración separada para las funciones de la corte (Chirico, Citter 2018).
En total, en el siglo IV llegaron a cubrir una séptima parte de todo el territorio de la parte occidental, lo que supone un patrimonio inimaginable hoy en día.
En este contexto debemos situar la posterior evolución histórica de la isla.
Por otra parte, no debe malinterpretarse la cita de Claudius Rutilius Namazianus escribiendo para una pequeña audiencia de no cristianos en un momento muy delicado para ellos (Rutilius Namatianus).
Hay que recordar que se vio obligado a regresar a su patria porque la situación en Roma ya no era favorable a la facción no cristiana encabezada hasta unos años antes por personas como Simmaco.
Su sombría visión de las ciudades y el campo, aunque ciertamente se basa en el progresivo deshilachamiento del tejido conectivo típicamente romano, se enfatiza no obstante en sentido negativo.
Sin duda podemos aceptar que hubo ermitaños en Giglio, como en todo elarchipiélago (Belcari 2009), pero el registro arqueológico muestra una gran vitalidad del puerto durante al menos otros 200 años.