El Castillo
La Edad Media
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Durante el periodo bizantino, la defensa de Roma se aseguraba por mar desde los puertos de Civitavecchia, Luni, la isla de Elba y posiblemente Populonia, como atestiguala lista de Giorgio Ciprio entre finales del siglo VI y principios del VII d.C. (Cantini, Citter 2022).
En este marco, por tanto, los atestados de Giglio porto podrían enmarcarse como un lugar de desembarco secundario en el sistema militar de defensa marítima, garantizado, sin embargo, de forma muy modesta (si suponemos una guarnición correspondiente a un regimiento también llamado numerus de unos 300 hombres en cada uno de los lugares mencionados, llegamos a 1.200 para un tramo de más de 300 km).
A partirdel siglo VIII, sin embargo, la isla ya no parece estar bajo control público pleno y exclusivo. Aquí es donde entra en juego el famoso y discutido diploma de Carlomagno a laabadía de San Anastasio ad Aquas Salvias, más conocida comoabadía de las Tres Fuentes (MGH, Diplomata doc. 274 a.a. 805).
Según la tradición, este monasterio fue fundado por Narses, aunque en realidad es un siglo posterior y tuvo una fuerte influencia griega enla Alta Edad Media. Así pues, la donación por parte de la autoridad pública al monasterio no es sorprendente en la época en que elimperio aún controlaba Roma, es decir, el siglo VII (la isla debió de formar parte de esa jurisdicción que elAnónimo de Rávena denomina Maritima Italorum - cf. Citter 2007, p. 454).
Puede causar cierta perplejidad el hecho de que la donación sea realizada, o quizá sólo confirmada, por el nuevo gobernante de la parte occidental, es decir, Carlomagno.
El documento en sí es una falsificación en el sentido de que no se produjo antes de finalesdel siglo XI, pero las copias que han llegado hasta nosotros son posteriores.
Sin embargo, su esencia parece auténtica (Farinelli 2007, ficha 20.1, pero véanse las objeciones de Collavini 1998, pp. 264 y ss.) por una sencilla razón, ya señalada (Citter en Citter, Valdambrini 2015, p. 393): el documento se refiere a un territorio cuyos límites calcan perfectamente los del municipium romano de Cosa.
Este hecho no podía ser conocido de ningún modo por los falsificadores, que tampoco sabían que este era el nombre latino de Ansedonia (sobre el origen del nombre, se considera la solución propuesta por Patitucci, Uggeri 2012, que lo hace derivar de ad sitonia, es decir, graneros imperiales, la más correcta).
Así pues, realmente debió de existir un documento, y podemos suponer que se trataba de un original destinado al monasterio romano de rito griego. En este contexto, quizá la controvertida inscripción bizantina de Orbetello (Citter 1993 y posteriormente para una datación correcta von Valkenhausen 2003) fechable en elsiglo VIII y referida a personas de alto rango en la administración imperial de Roma podría ser la única prueba, junto con el frontal de altar de Orbetello (Ciampoltrini 1991), de un fuerte vínculo con Roma de toda la franja costera y, por tanto, también delarchipiélago.
Cabe mencionar que Ansedonia es uno de los hallazgos más importantes de cerámica vidriada pesada fechable en los siglos IX y X de producción romana (Briano 2020, p. 46). Sin embargo, la bibliografía citada tampoco descarta una conexión con el rey lombardo Liutprand durante un breve periodo de buenas relaciones con el papado.
Señalemos de paso que la relación entre laisla de Giglio y laabadía romana era tan estrecha que incluso en 1772 el cardenal Pietro Colonna Panfili, comendador perpetuo de laabadía, visitó la isla (Begnotti 1999, p. 105).
Por eso no es de extrañar que, en un periodo de transición, amplias zonas que antes eran de dominio público se cedieran a los monasterios.
Lo mismo ocurrió en el reino lombardo a partir del propio Liutprand y luego de forma mucho más sistemática bajo los carolingios en toda Europa.
También podemos plantear lahipótesis, aunque no existe confirmación arqueológica ni documental, de que la mención en el mismo documento de 805 de un asedio a la propia Ansedonia no se refiera a acciones emprendidas por Carlos, sino a un eco del conflicto entre el Imperio y los lombardos por el control de la costa toscana.
Sin embargo, la situación política en la que se redactó la falsificación es muy clara y explica su origen. Desde finales delsiglo XI, los Aldobrandeschi iniciaron una política muy agresiva de conquistas territoriales encaminada a crear un estado propio entre el sur de Toscana y el alto Lacio sobre el que pudieran ejercer derechos señoriales (lo que es muy distinto de querer adquirir tierras como simples propietarios). Sabemos por un documento tardío de 1269 (Collavini 1998, pp 264 y ss. con bibliografía y fuentes anteriores) que la familia tenía en enfiteusis (es decir, la propiedad quedaba en manos de laabadía pero los Aldobrandeschi disfrutaban de los beneficios siempre que mejoraran las condiciones) de laabadía de las Tres Fuentes un amplio territorio, correspondiente al de la falsa de Carlomagno con islas entre las que se encontraba el Giglio.
Esta situación no era nueva y puede fecharse al menos a partir de mediados del siglo XII, aunque no es posible establecer lo que ocurrió realmente. Ciertamente, los Aldobrandeschi entraron en una fase de crisis en el monasterio entre los siglos X y XI y se aprovecharon de ella.
La sustitución gradual del control monástico por el secular no fue indolora, ni tampoco inmediata y completa.
De hecho, sabemos que los pisanos ya habían asaltado la isla en 1063 (MGH, Chronica monasteri casinensis III, 20, 21, p. 387, a.a. 1063).
Que los pisanos no tenían intención de ceder el control a los Aldobrandeschi o a Siena se desprende también de un privilegio de Ludovico IV de 1328 (MGH, Leges, VI, 530) que se propone como confirmación, aunque no hay un antecedente cierto porque el otro gran privilegio, el de Federico Barbarroja de 1162 (MGH, Leges, I, 205) no menciona la isla sino que parece detenerse en la costa desde Scarlino hasta Porto Ercole. Varias operaciones militares afectaron a la isla, de las que al menos dos han dejado constancia en la documentación: la batalla de 1241 en la que participaron pisanos y genoveses entre Montecristo y Giglio (MGH Scriptores, V, 2: Dietrich von Nieheim, p. 100) y la expedición de Federico III de Aragón en 1328 (MGH, Leges, VI, 486).
Así que, en pocas palabras, debemos imaginar que entre los siglosXI y XIV la isla fue disputada por diversos actores, precisamente porque nunca dejó de desempeñar un rol central en la ruta tirrénica.